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Caperucita roja - Charles Perrault
7:54 | Author: Hada de los tiempos
Caperucita roja - Charles PerraultHabía una vez una niña muy bonita. Su madre le había hecho una capa roja y la muchachita la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.

Un día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuela que vivía al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo.

Caperucita Roja recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía que atravesar el bosque para llegar a casa de la Abuelita, pero no le daba miedo porque allí siempre se encontraba con muchos amigos: los pájaros, las ardillas... De repente vio al lobo, que era enorme, delante de ella.

—¿A dónde vas, niña? —le preguntó el lobo con su voz ronca.

—A casa de mi abuelita —le dijo Caperucita.

—No está lejos —pensó el lobo para sí, dándose media vuelta.

Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo cogiendo flores: «El lobo se ha ido —pensó—, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un hermoso ramo de flores además de los pasteles».

Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la Abuelita, llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había observado la llegada del lobo.

El lobo devoró a la Abuelita y se puso el gorro rosa de la desdichada, se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita Roja llegó enseguida, toda contenta. La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada.

—Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes!

—Son para verte mejor —dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.

—Abuelita, abuelita, ¡qué orejas más grandes tienes!

—Son para oírte mejor —siguió diciendo el lobo.

—Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes!

—Son para... ¡comerte mejoooor! —y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y la devoró, lo mismo que había hecho con la abuelita.

Mientras tanto, el cazador se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la Abuelita. Pidió ayuda a un serrador y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba.

El cazador sacó su cuchillo y rajó el vientre del lobo. La Abuelita y Caperucita estaban allí, ¡vivas! Para castigar al lobo malo, el cazador le llenó el vientre de piedras y luego lo volvió a cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó.

En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita Roja había aprendido la lección. Prometió a su Abuelita no hablar con ningún desconocido que se encontrara en el camino. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas recomendaciones de su Abuelita y de su Mamá.


Título: Caperucita roja
Autor: Charles Perrault

Sinopsis:

Caperucita Roja era una niña muy buena y obediente. Pero un día, cuando llevaba una cesta a su abuela, el malvado lobo la engañó. ¡Menos mal que apareció un leñador! Uno de los grandes clásicos de la literatura infantil.



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¿Lo has leído? 7 Opiniones en el Bosque Antiguo

On 21 de febrero de 2009 13:48 , Mónica Angelino dijo...

Te acabo de encontrar en Bohemia, gracias a una poesía de Alejandra en la que dejaste tu comentario, fue un placer entrar en tu blogs, voy a enlazarlo al mio, se lo leeré a mis nietos y te escribiré luego sus comentarios también. Un placer conocerte!
Te invito a visitar mi fondoscuro.
Un beso.
Mónica

 
On 21 de febrero de 2009 13:59 , Hada de los tiempos dijo...

¡¡¡Me alegro mucho, Mónica!!! Aunque el blog dé mucho trabajo, saber que lo valoráis hace que las ganas de continuar la aventura siempre crezan. ¡¡¡Mil besitos!!!

 
On 22 de febrero de 2009 22:35 , Ardilla Roja dijo...

La verdad es que es una historia horrible que evito contarla a los niños con los que trabajo, o la adapto.
Todos estos cuentos clásicos me los contaba mi abuela sin ayuda de libros. Sólo su voz y mi imaginación. Y la escena en que se las come me tuvo obsesionada mucho tiempo.Cómo podía ser posible comerse a una abuela y a una niña, ¡sin hacerles daño con los dientes al masticar! Ella me decía que los cuentos no son verdad, pero no evitaba que yo imaginase la boca del lobo gigantesca.

Los tres cerditos me gustaba más jajaja

Un abrazo Hada :)

 
On 22 de febrero de 2009 23:19 , Hada de los tiempos dijo...

Hmm, gran dilema el que planteas, ardilla roja... Aunque la intención de las hadas es no intervenir en las valoraciones de las obras, en este caso creo que haremos una excepción por lo interesante que es lo que planteas. Nunca lo había visto de ese modo, pero después de leer tu opinión no sabría qué decir, si es mejor evitar que los niños se enfrenten a estas emociones y que las descubran más mayores, o que se les plantee en la infancia como preparación para encararlas en el futuro. Ahora mismo, a mí me es muy díficil decantarme por una u otra opción, pero dejo la pregunta abierta para un debate que, sin duda, puede ser muy interesante.

¡¡¡Muy buen comentario y muchos besitos, Ardilla roja!!! ¡¡¡Y por cierto, qué abuela más maravillosa tenías. En mi caso, eso lo hacían mi madre y mi abuelo; esos momentos y recuerdos valen su precio en oro!!!

 
On 23 de febrero de 2009 19:44 , yeste lima dijo...

Hola, Hada, por fin me ha dejado hacerte el comentario.

Antes de nada tengo que decirte que te sigo leyendo, que tu blog me encanta y me despierta esa parte de niña que todos tenemos y que leyéndote, mi imaginación vuela a todo lo mágico y encantado que tiene el mundo de las Hadas.

Sobre Caperucita Roja, temo estar de acuerdo con Ardilla Roja, de entre todos los cuentos infantiles que me contaban de pequeña, era el que menos me gustaba y ahora que soy mayorcita, sigo pensando que hay que esperar para contarlo a niños que por lo menos sepan entender que los cuentos, cuentos son, y no les traumatice el saber que después de comerse a la abuelita y a la niña, le abrieran la barriga, la llenaran de piedras y se ahogara sin que nadie pudiera hacer nada por evitarlo.

hasta la próxima, Hada, encantada de leerte. Un saludo.

 
On 23 de febrero de 2009 19:51 , Hada de los tiempos dijo...

¡¡¡Muchísimas gracias, Yeste, por tu amable valoración y también por dar tu opinión sobre este cuento!!! Porque efectivamente, creo que va ser un debate muy interesante.

¡¡¡Muchos besitos!!!

 
On 24 de febrero de 2009 23:50 , Horus dijo...

Bueno, hay que situar el cuento en su contexto histórico original. En el siglo XVII, los lobos eran un peligro real al que enfrentarse en más de una ocasión (aún no había llegado la revolución industrial, y la mayor parte de la población seguía subsistiendo en un medio rural poco desarrollado).

Así que, desde esta visión, es lógico que el castigo al lobo fuera tan drástico. Por otra parte, tampoco hay que olvidar que, por aquella entonces, el público de estos cuentos eran tanto niños como adultos.

Pero sí que es cierto que, para nuestra época, se hace un poco extraño. A los lobos debemos protegerlos, que están en peligro de extinción en muchos puntos del planeta. En este sentido, Jack London se adelantó a su época con obras como "Colmillo Blanco" o "La llamada de la naturaleza", que creo que reflejan mucho mejor la relación del hombre con los animales hoy día.

Saludos a los habitantes del bosque desde las arenas del desierto.

 

 

 

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